February 7, 2023

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Anam Kara/ de la enfermedad a la vida

9 min read

Una frase muy conocida en Perú es: ¡a cocachos aprendí! yo la redefiniría en mi vida como: “enfermándome aprendí”.

Soy Laura Garay Baldunciel, tengo 54 años, aunque mentalmente me siento una jovencita, vivo en Lima, Perú. Al salir del colegio estudié Análisis de Sistemas, era algo que tenía a la mano y simplemente quería hacer algo antes que siga pasando el tiempo sin estudiar, luego conseguí un trabajo que me daba un sueldo bastante importante para mi edad, pero me aburría mucho, no era lo mío, así que ahorré y lo dejé para ponerme a estudiar inglés. Una vez que empecé a trabajar como profesora, una compañera de trabajo me dijo: “si tanto me gusta la educación, mejor estudia en la universidad” y agregó: “no te hagas bolas, vas a ver que sin que te des cuenta, vas a terminar la carrera rápido” y así fue, soy Licenciada en Educación en la especialidad de Lengua y Literatura. Pero la vida me iba a llevar por otros caminos más adelante ahora soy Terapeuta Holística, doy talleres meditación y apuesto por la vida.

Ahora quiero contarte como comenzó esta aventura que me hizo dar un vuelco de 180 grados en mi vida donde ya no hay marcha atrás.

Aquí Vamos:

Durante muchos años me la pasé enferma, mi ex esposo me decía al pasar por una clínica cercana a donde vivíamos: saluda a tu segunda casa.

De niña sufría de asma, para colmo mi mamá fumaba mucho lo que dificultaba aún más mi condición y por ello, terminé sintiendo aversión al tabaco (por suerte). Pasaba días en los que tenía que dormir sentada porque no podía respirar. Esto siguió afectándome hasta mi adolescencia. Luego pasé un buen período en donde realicé bastante deporte y me sentí mucho mejor. Pero mis temas emocionales me traicionaban de vez en cuando, teniendo recaídas. Desde muy joven sentía que la vida no tenía sentido, quería simplemente “presionar el botón de apagado”.

Lo bueno es que aún cuando psicológicamente no andaba bien, una fuerza en mi interior siempre me llamaba a ayudar a los otros y en mi labor de maestra, tuve la oportunidad de tocar muchas vidas, aunque no siempre le caía bien a todos.

Desde muy pequeña viví de tiempo en tiempo en casa de familiares, en casas de conocidos de mi mamá o en internados ya que ella no podía estar conmigo ni con mi hermano. Simplemente tenía que trabajar y nos dejaba donde podía. Así que podían pasar meses sin que la pudiera ver. De mi padre, un hombre violento, sólo recuerdo maltratos físicos por parte suya, tanto que mi mamá lo abandonó. Mi mamá también era violenta, a veces física pero más que nada psicológicamente. En donde más tiempo me quedé a vivir fue en casa de mis abuelos maternos. Definitivamente éramos una familia muy disfuncional y prefiero no relatar hechos de esa época, sólo quiero contarte que le agarré mucho cariño a mi abuela. Simplemente adoraba estar con ella de lunes a jueves porque estaba sobria, los demás días estaba totalmente alcoholizada, ahora entiendo que sufría mucho y trataba de evitar su realidad. Vivir así fue difícil especialmente para mi hermano menor y tuvimos que mudarnos lejos de ella y de todos. Para ese entonces mi mamá ya tenía un nuevo compromiso y de esa relación nació mi hermana.

Desde que tengo uso de razón siempre tuve libertad para hacer lo que quisiera. Se que utilicé esa libertad sabiamente, sin meterme en drogas o cosas que me dañaran. Me convertí en una persona muy independiente y a la vez solitaria.

Si hay un pensamiento que recuerdo tener de niña es: ¿por qué no soy normal? Pero en esa anormalidad, creía en otras vidas, me gustaba leer sobre historia, sobre la muerte, espíritus. No profesaba ninguna religión ni creía en ningún ser. Pero el pensamiento de no querer vivir me atormentaba. Ya de joven, busqué ayuda psiquiátrica y estuve medicada por años. Luego de un tiempo de sentirme relativamente bien, volvía a caer, y retomaba tratamientos.

En el amor, aún cuando estuve con hombres muy buenos, simplemente no supe amar creo, ninguna relación funcionó. No sabía comunicarme, expresarme y mi rebeldía salía a flote. Puedo decir que me enamoré unas veces, pero hoy trabajo en enamorarme de mi misma, disfruto el estar sola y tener una relación conmigo. Me estoy cuidando y aceptando.

En la Tormenta

Una compañera del colegio en el que enseñaba me dijo que si después de nuestro regreso de la playa podía acompañarla a una charla sobre cristales y sanación. Fuimos. Me pareció interesante y asistí a algunas más, pero lo dejé ahí. En cambio, ella continuó hasta dejar su trabajo y dedicarse a estudiar para convertirse en terapeuta. Y en su preparación, empecé a asistir a sesiones con ella. Me daba mucha paz, me sentía liberada pero no hacia nada por cambiar.

La relación con mi entonces esposo iba deteriorándose, yo “ya no era yo” pero lo pasaba por alto o eso pensaba y me enfermaba más y más. Gastritis erosiva, fibromialgia, cáncer de mama, la columna.

En 2013, tanto mi mamá como mi mejor amiga fallecieron de cáncer, mientras que yo lidiaba con mi propio proceso de cáncer, me las ingeniaba para que acompañarlas y cuidarlas. Ese año, tuve 2 operaciones en la mama derecha y luego fui operada de una histerectomía total.

Con mi mamá teníamos una relación de amor y odio. Su enfermedad ya con metástasis, repotenció su mal carácter, llevándonos a tener situaciones de mucho conflicto y dolor. En el caso de mi mejor amiga, que era muy joven, dejó 2 hijos pequeños, y me causó mucha pena. Verla sufrir me hacía sentir deseos de aprender alguna técnica que le pudiera dar bienestar.

Los años posteriores simplemente fueron como vivir en una olla en ebullición, a punto de explotar en cualquier momento. Me sentía mal conmigo misma, con mi salud, con mi relación de pareja, en el trabajo, con la vida misma. El 23 de diciembre del 2015, me fui de la casa y ya no regresé más.

¿Y cómo empezó este camino hacia la sanación?

Al término del 2016, la situación en el colegio fue caótica, hubo mucho malestar y abusos. Me dije a misma que algo debía hacer, que ya no podía seguir así con mi vida. Me sentía asfixiada. Sin pensarlo mucho me inscribí en el verano del 2017 en el primer nivel de Healing Touch. Para mi sorpresa, quienes dirigían el curso eran 2 monjas católicas.

Como parte del proceso de preparación que duró 2 años, teníamos que hacer terapias y yo, que para ese entonces era voluntaria en un albergue de gatos, decidí que les haría terapia a ellos también. Para mi sorpresa, ya que siempre he sido un poco incrédula, notaba bastante mejoría en la salud y en sus comportamientos.

Un hecho que cambió mi vida para siempre fue la invitación a meditar por parte de una compañera del grupo de estudio para convertirme en terapeuta. Jamás mencionó que era una Sangha Budista y aunque no entendí nada cuando finalmente fui, algo me llevó a asistir cada jueves. A fines del 2017 fui a un retiro de meditación y silencio de 10 días y mi entendimiento empezó a expandirse.

El nacimiento de Anam Kara

En febrero del 2018 renuncié al colegio. El año anterior había sufrido el desprendimiento de mi retina del ojo derecho y las hernias de la columna lumbar y cervical dificultaban mi caminar. Vivía en constante dolor. Justo 2 amigas me habían preguntado si quería juntarme con ellas para crear algo relacionado con las terapias. Obviamente mi respuesta fue si y es así como nació ANAM KARA, palabra celta y modificada por nosotras que significa: el contar con un amigo incondicional, un amigo espiritual, quien te acompaña y no te juzga en todas las vidas.

Luego pensamos en el logo. Queríamos representar el significado del nombre y escogimos el árbol de la vida, dos personas unidas, apoyándose en el infinito.

Luego de un año nos dimos cuenta que las 3 estábamos en diferente sintonía y decidimos separarnos, quedándome yo con el nombre por decisión de ellas.

La aventura recién comenzaba.

Desde entonces estudié otras terapias, profundicé mis conocimientos sobre el sentido de la vida, las enfermedades, el para qué de las cosas e increíblemente mi salud empezó a mejorar notablemente, ojo, me sigo enfermando, pero desde otro grado de consciencia.

Lo más importante fue que poco a poco mis deseos de atentar contra mi vida se fueron disipando hasta entender que jamás haría algo para lastimarme o desaparecer.

En plena pandemia, mientras que muchos sufrían por el encierro, yo decidí sacarle provecho y estudiar todo lo que pude sobre el budismo, el karma, la vida y la muerte, etc. y sin querer, y por pedido de unas amigas que querían saber en qué estaba metida, empecé a hacer charlas virtuales cada sábado, donde más y más personas se sumaban, incluso desde de Argentina, Australia, España, USA.

Esto derivó en la creación de talleres de meditación y auto cuidado energético, donde la mayor beneficiada fui yo misma porque cuidaba mi energía mucho más.

Un servicio desinteresado.

Cuando los casos de covid empeoraron, decidí crear junto con unas amigas, un grupo de sanadores para hacer terapia a distancia gratuitas a todo aquel que nos lo pidiera. Atendimos a decenas de personas los 7 días de la semana durante meses. Fue una labor ardua y dura, de acompañamiento, triste por momentos ante el fallecimiento de algunos, y muy gratificante al ver como mejoraban y salían de la enfermedad. Siempre dando lo mejor por personas que no conocíamos.

Anam Kara, el centro de Sanación que le pedí al universo.

Yo vivía compartiendo un departamento con otras personas y todo lo que te mencioné antes, lo hacía en una pequeña habitación donde con las justas cabía mi cama y un pequeño velador. Así que enfoqué mi energía en mudarme y tener la libertad de poder realizar lo que tanto quería. Y así fue, me mude sola, a un departamento amplio. Anam Kara tiene un consultorio que atiende a quien lo necesita, y si el paciente no tiene los medios para pagar la sesión, se la atiende igual porque siempre me ha parecido un crimen que una persona no tenga acceso a la salud por un tema económico.

Desde la mudanza, hago campañas de sanación, círculos de sonidos, meditaciones, ceremonias diversas, sesiones individuales de terapia bioenergética, charlas a compañías e instituciones, enseño pausas activas para calmar la mente y todo lo que sume a las personas a sentirse mejor. Pero lo más importante para mí es enseñarles a las personas que las enfermedades y dolencias tienen una raíz, y ésta debe ser trabajada, ya que sin consciencia no hay sanación.

¿Qué Somos?

Somos seres eternos que vivimos en el libre albedrío, intentando avanzar hacia la verdadera felicidad, aunque a veces retrocedemos. En cada renacimiento, nuestro cuerpo que es también energía, envejece, se enferma y muere. La energía reacciona a nuestros conflictos mentales y emocionales, bloqueando el flujo del bienestar, derivando en enfermedad.

Las terapias bioenergéticas son terapias no invasivas de sanación que utilizan las manos del sanador para limpiar la congestión almacenada en el paciente, removiendo lo que se le ha “pegado” en los chakras y en el aura, dándole alivio casi instantáneo, lo que promueve su salud física, emocional y mental.

El propósito de la terapia es que el paciente se empodere a corto plazo. Que tome las riendas de su vida, el sanador es sólo un instrumento.

¿Y ahora qué?

¡Lo que la vida me depare! Sigo aprendiendo y sanando. Soy privilegiada de tener este don y de ayudar a sanar a más seres. Y el día que parta, irme más ligera, mejor persona, con menos ego.

Y si llegaste hasta aquí y algo te resonó, busca ayuda, sana, te espera un mundo maravilloso por recorrer, desde tu ser interior.

Correo electrónico: laurayamil04@gmail.com

12.01.2023 Stockholm

Sofia Calvo/ Designer Peru

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