December 5, 2021

Juan Nolasco Chavez/ “Llegué a Lurín con cuatro palos, esteras y un techo de plástico”, recuerda. 

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Remigio y Lucía son aún más felices desde que su nieto, el primogénito de su adorada Basilia, llegó para vivir con ellos. En aquella chacra del pueblo de Moya, distrito de Quinua, en la provincia de Huamanga en Ayacucho, se forma un nuevo hogar en donde no solo prima el amor, sino también la disciplina. Con tan solo siete años, Juan tiene a cargo tareas delegadas por sus abuelos maternos. Recoger y llevar sobre su espalda la leña que se encuentra en la cumbre de la montaña; encargarse de las actividades agrícolas y pastar el ganado, actividad que lo conduciría a su primera cercanía con lo que hoy hace posible que la flama de su corazón no se apague: La artesanía en cerámica. Porque mientras dirigía al rebaño de ovejas, huacos, hornos, cántaros, jarras y tazones y vasijas bañados en negro, crema, rojo y marrón provenientes de una cultura guerrera de nombre Wari, lo seguían. 

Maestros de primaria con muy poca responsabilidad; no tener los recursos económicos necesarios y sobretodo, presenciar la férrea superioridad masculina sobre la mujer marcaron la infancia de Nolasco Chávez. Episodios difíciles de asimilar y que continuarían en la pubertad. Con 13 años llega a la capital e inmediatamente comienza a trabajar. En la mañana, prepara el almuerzo para los empleados de la empresa de su tío. En la noche, estudia en el colegio Bartolomé Herrera en donde era el alumno más pequeño de todo el plantel en el turno nocturno. Pero todo cambió al ingresar a cuarto y quinto de secundaria del “Centro Educativo Particular José Santos Chocano” del Callao. Cuando gracias a cursos de Historia y Literatura, se convirtió en un lector acérrimo de la Biblioteca Municipal “Teodoro Casana Robles”. No desmerece el trabajo de Víctor Hugo con “Los Miserables”; de Ernest Hemingway con “El viejo y el mar” o del poeta griego al que se atribuye la autoría de la Ilíada y la Odisea, sin embargo para él hay un referente nacional que caló en lo más profundo de su adolescencia. 

“José María Arguedas con Los ríos profundos es el ícono por excelencia”, agrega.

Un dilema. Juan debe decidir entre continuar en la academia preuniversitaria o abandonarla por dedicarse al arte de la arcilla. La segunda opción, la elegida. El comienzo de una gran travesía se avecina. No solo consigue su primer trabajo formal como artesano en la empresa de los hermanos Alberto y Antonio Castro, quienes se dedicaban a la producción y venta de cerámica vitrificada, convirtiéndose por aquellos años líderes en el mercado. Sino también, la oportunidad de formar su propio hogar. Juan, de 20 abriles, averiguó que al sur de Lima ofrecían terrenos y se instaló allí. 

“Llegué a Lurín con cuatro palos, esteras y un techo de plástico”, recuerda. 

Retroceder nunca, rendirse jamás 

El SARS-CoV-2 comenzó. Si bien a Juan Nolasco Chávez lo afligía el no percibir los habituales ingresos procedentes de la exportación de artesanías, recepción turística tanto nacional como internacional, desarrollo de talleres en espacios de educación básica y superior; y centros culturales. El no poder compartir sus conocimientos con los estudiantes de los talleres en que dictaba fue un momento muy difícil que tuvo que afrontar. 

Sin embargo, ello no le impidió continuar, al contrario, se adaptó a la nueva realidad. Participó en concursos de gran envergadura, convocados por el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR) en los cuales logró premios importantes dejando la valla alta frente a los demás competidores. A raíz de ello, además, tuvo la posibilidad de adquirir herramientas que ayudaron a la digitalización de su negocio. Pero sin duda alguna, el mayor triunfo de Nolasco Chávez fue convertirse en uno de los ganadores, junto a otras 612 empresas

dedicadas a la Artesanía y al Turismo, del “Concurso Turismo Emprende 2020-II”, el cual le permitió el desarrollo integral y adecuación de “Llinco Perú” – vocablo en Quechua que significa arcilla – en cuanto a establecer protocolos de Bioseguridad, mejora de la infraestructura del local, reinvención de su línea productiva – implementando a la línea utilitaria – platos, tazas, macetas, todos ellos vitrificadas o esmaltadas sin perder las raíces de su cultura manteniendo en ella sus iconografías. 

Un lugar en donde ahora, cuchilla, estecas y torneta lo acompañan mientras piensa si aplicará la técnica del prensado y recurrirá al molde de yeso predeterminado. O si trabajará todo el diseño de la pieza a mano. O en todo caso, elegirá el ‘colado’ en donde deberá verter arcilla líquida para que quede, internamente, formado. Y al no decidirse por cuál, el dubitativo artista pregunta a su musa, a su compañera de vida, a Marcelina Urrutia, aquella mujer de la respuesta correcta y la que lo impulsa a no desistir en continuar con la herencia milenaria arraigada de sus ancestros. 

“Es mi mano derecha, mi mano izquierda, mi todo, somos un equipo único.”, reafirma. 

Por otro lado, a este proyecto bautizado como “Llinco Perú” se le suma sus hijos, los sucesores de este gran legado, José y Marysol, estudiantes de Dirección y Diseño Gráfico y Administración de Empresas, respectivamente. 

Líder visionario 

Un globo terráqueo yace en el escritorio del emprendedor de 57 años. Motivo por el cual le pregunto al maestro Juan si su pasión también es recorrer el mundo.

“Si no viajo, no existo”, puntualiza. 

Si bien visitó Ámsterdam y Holanda (ambas pertenecientes a Países Bajos), Alemania, Colombia y Bolivia; su estancia en México, la recuerda aún más. “En el país Azteca, el impulso que se le da al sector cultural es abismal”, reafirma. Modelo que toma como referencia para el proyecto que tiene en mente: Turismo vivencial, el cual tendrá una mejor proyección puesto que además, en los alrededores del distrito se cuenta con el Santuario Arqueológico de Pachacamac y frente a este, el Museo Nacional de Arqueología (MUNA). 

Este plan a futuro consistiría en implementar bulevares, Mirabuses exclusivos, calles asfaltadas y murales pintados por grandes exponentes para con ello, rendir homenaje a dos culturas prehispánicas que desarrollaron un trabajo impecable en la artesanía: Los Wari, de la región de Ayacucho, y los Ichma, del valle del río Lurín. El mayor de ocho hermanos es todo un ícono ilustre en su sector. Por ende, próximas autoridades a postular a la alcaldía de Lurín solicitan su apoyo en campañas políticas en donde tiene claro que el único rol que le gustaría desempeñar es el de facilitador del desarrollo cultural para instaurar políticas públicas y así lograr que su comunidad se enorgullezca de pertenecer al “Barrio del Artesano”.

25.10.2021 Stockholm

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